TRASHUMANCIA CAPÍTULO 1La trashumanciaEl movimiento de ganado en busca de mejores pastos existe desde que el hombre domesticóanimales herbívoros, abandonó la caza como modo de vida y se dedicó a la ganadería. La trashumancia, en España alcanza su mayor esplendor con Alfonso X “El Sabio” que organiza la ganadería y la agricultura en el Cuaderno de las Leyes de la Mesta, en 1273.Aunque con menor apogeo hoy persiste el traslado del ganado a pie aunque, por falta de recursos humanos, muchos ganaderos utilizan el transporte por carretera para dirigir a sus rebaños hacia los pastos estacionales.La trashumancia en Jaén con la Fundación GypaetusNo es la primera vez que la Fundación Gypaetus comparte con pastores jornadas de trashumancia a pie. El episodio más reciente surgió un día de septiembre cuando, pasando por los campos de Hernán Perea, nos encontramos con un ato (rebaño) de ovejas bastante gordas.A finales de verano los pastos allí son pobres y secos y pensamos que los ganaderos ya alimentaban con pienso a las ovejas. A dos de ellos, Eustaquio y Daniel, que sacaban agua de un pozo, les preguntamos el porqué de la robustez de los animales y la respuesta fue que los pastos de los Campos de Hernán Perea aunque secos, eran muy nutritivos.Semanas después en un nuevo encuentro con Eustaquio cerca de Don Domingo, valoramos la posibilidad de prestar nuestra ayuda acompañándole durante el trayecto que tenía que hacer con el ganado desde la zona donde pasta en verano hasta los pastos de invierno, es decir, desde Los campos de Hernán Perea hasta Santisteban del Puerto. Y es así como se va fragua la idea de que la Fundación Gypaetus, una vez más, colabore con los ganaderos trashumantes.Cuatro díasNuestra aventura comienza en la “Tinada del Tuerto” aunque la ganadería había salido bien temprano desde La Matea. Era un día gris, con espesa niebla, caía agua-nieve y ante estas circunstancias meteorológicas, algunos de los pastores tuvieron que ir a cambiarse de ropa.Pretendían trasladar a pie, por las veredas y cordeles que van desde Los campos de Hernán-Perea hasta Santisteban del Puerto, a un rebaño unido de ovejas propiedad de los Domingo López (padre e hijo) y de Eustaquio García, tres ganaderos residentes parte del tiempo en la zona de Santiago de la Espada (La Matea y Poyo Catalán) y parte en término municipal de Santisteban del Puerto (finca de Pedro Tito y la Casería de San Luis). Acompañando en esta travesía, Emilio un joven de 22 años de edad y Manuel del Barco, técnico de la Fundación Gypaetus.Durante el primer día de trashumancia, el 24 de noviembre de 2011, las ovejas salieron de La Matea y cogieron el Cordel de la hoya de herreros para ir a descansar junto a la tinada del tuerto. Después partimos por el Cordel de Hornos el Viejo (que atraviesa la montaña por un riscal con bastante desnivel), para reposar un lugar próximo a la carretera nueva de Hornos de Segura llamado Hoya Morena.En la trashumancia las prisas no son buenas, el ganado está acostumbrado a pastar tranquilo. Durante los días que se tarda en llegar a los nuevos pastos, el movimiento es continuo, las caminatas no terminan y los animales sufren de agotamiento; por ello, hay que ir tranquilos. El buen pastor está pendiente de todo de día y de noche. En el trayecto tienen que ir sujetando al rebaño para que no se adelante mucho y revisar la retaguardia para que ningún ejemplar se quede rezagado, por lo cual es necesario llevar un mínimo de dos pastores, aunque algunos atrevidos son capaces de llevarlo solos.Durante esta primera jornada Eustaquio relató algunos de los problemas que suelen surgir en el camino como la presencia de cercados de alambre puestos por agricultores para proteger los cultivos del ganado. Algunos cultivos están sitiados al margen o dentro del límite de la vía pecuaria y cuando una oveja entra por la alambrada queda separada del rebaño y hay que estar atento para ayudarla a salir por lo que la persona que dirige el rebaño debe parar la marcha hasta sacar a las que se han quedado atrapadas por la alambrada. Ya en nuestra primera noche comprobamos que la trashumancia es una ardua tarea, las inclemencias meteorológicas hacen mella en nosotros y las temperaturas bajo cero no hacen sencillo estar inmóvil en el lugar. Mientras las ovejas pasan la noche en un paraje que ya conocen de otros años, nosotros preparamos una hoguera que nos servirá para cocinar y calentarnos hasta que decidamos ir al saco de dormir.Durante la tarde y mientras cenamos surgen las conversaciones entre nosotros y comprobamos que todavía la información se transmite entre generaciones. Preguntamos a Eustaquio si su padre compartió territorio con el lobo ibérico y él nos explica que su padre no pero que su abuelo, sí que lo hizo y que por entonces los lobos atacaban a menudo los rebaños incluso estando el pastor con ellos. Domingo entonces nos sorprende con un dicho que ha sido muy popular cuando había lobos en las sierras de Cazorla, Segura y las Villas y es que, para asustar a los lobos, había que ponerse un cinturón de esparto y dejar caer por detrás un trozo largo para que arrastrara al caminar, así, los lobos no atacaban.Es curioso que tras dos generaciones y la desaparición del lobo ibérico de estas sierras sobre 1920, todavía se pasen esos conocimientos de unos a otros. También Eustaquio nos comenta que todavía conserva las carlancas de los mastines de su abuelo. Una hoguera siempre reconforta cuando las noches son frías y en el calor…la conversación se animaba.Autor: Manuel del Barco